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ORACION -VIRGEN DE GUADALUPE-



Oh Purísima Virgen de Guadalupe 
alcánzame de tu Divino Hijo el perdón de mis pecados,
 bendición para mi trabajo, 
remedio a mis enfermedades y necesidades 
y todo lo que tu creas conveniente pedir para mi y mi familia.

Oh Santa Madre de Dios!
 no desprecies las suplicas que te dirigimos
 en nuestras necesidades, antes líbranos de todos los peligros.

Oh Virgen llena de gloria y bendición!
 Por Cristo Nuestro Señor, 
Amén.

"12 DE DICIEMBRE" FELICIDADES EN TU DIA MADRE BENDITA

"12 de Diciembre" Felicidades en tu dia Madre Bendita!
No me dejes nunca sin tu dulce y santa protección.

¡Oh Señora y Madre mía!
Con filial cariño vengo
a ofrecerte en este tu día
cuanto soy y cuanto tengo.
Mi boca para cantarte,
mi voz para bendecirte,
mi corazón para amarte,
mi vida para servirte.
Acepta, Madre, este don,
que te ofrenda mi cariño,
y guárdame como a un niño
cerca de tu Corazón.

Este día mi boca y mi corazón no han dejado de Nombrar a María Santísima, le he dicho te amo, te quiero, le digo eres dulce, eres pura, eres buena. He dicho oraciones y he cerrado mis ojos para abrazarla, pero lo que más he dicho son las palabras con las que el ángel la saludó.

Dios te salve, María,
llena eres de gracia,
el Seńor es contigo.
Bendita tú eres entre
todas las mujeres,
y bendito es el fruto
de tu vientre, Jesús.
Santa María,
Madre de Dios,
ruega por nosotros,
pecadores, ahora y en la hora
de nuestra muerte.

Amén

VIRGEN DE GUADALUPE



 Virgen Santísima de Guadalupe,
Madre de Dios,
Señora y Madre nuestra.

Miranos aquí postrados ante tu santa imagen,
que nos dejaste estampada
en la tilma de Juan Diego,
como prenda de amor,
bondad y misericordia.

Aún siguen resonando las palabras
que dijiste a Juan con inefable ternura:
"Hijo mío queridísimo,
Juan a quien amo como a un pequeñito y delicado,"
cuando radiante de hermosura
te presentaste ante su vista
en el cerro del Tepeyac.

Haz que merezcamos oír en el fondo del alma
esas mismas palabras.
Sí, eres nuestra Madre;
la Madre de Dios es nuestra Madre,
la más tierna, la más compasiva.

Y para ser nuestra Madre
y cobijarnos bajo el manto de tu protección
te quedaste en tu imagen de Guadalupe.

Virgen Santísima de Guadalupe,
muestra que eres nuestra Madre.

Defiéndenos en las tentaciones,
consuélanos en las tristezas,
y ayúdanos en todas nuestras necesidades.

En los peligros,
en las enfermedades,
en las persecuciones,
en las amarguras,
en los abandonos,
en la hora de nuestra muerte,
míranos con ojos compasivos
y no te separes jamás de nosotros.
Amén

Palabras de la Virgen de Guadalupe a Juan Diego en el cerro de Tepeyac.


 Palabras textuales de María Santísima dichas a Juan Diego a lo largo de las distintas apariciones.


9-XII-1531

(entre cuatro y cinco de la madrugada)

- “Juanito, Juan Dieguito.”

- “Oye, hijo mío, Juanito, el más pequeño de mis hijos, ¿a dónde vas?”

- “Sabe y ten por seguro mi hijo mío el más pequeño, que yo soy la siempre Vírgen Santa María, Madre del verdadero Dios, Aquel por Quien Vivímos, de El Creador de personas, de El Dueño de lo que está Cerca y Junto, del Cielo y de la Tierra.”

- “Quiero mucho y deseo vivamente que en este lugar me levanten mi templo. En donde Lo mostraré, Lo ensalzaré al ponerlo de manifiesto: Lo daré a las gentes en todo mi amor personal, en mi mirada compasiva, en mi auxilio, en la salvación.”

“Porque yo soy vuestra Madre misericordiosa, de ti, y de todos los hombres que viven unidos en esta tierra, y de todas las personas que me amen, los que me hablen, los que me busquen y los que en mí tienen confianza. Allí les escucharé sus lloros, su tristeza, para remediar, para curar todas sus diferentes penas, sus miserias, sus dolores.”

“Y para que pueda hacerse lo que pretende mi compasiva mirada misericordio sa, ve a la casa del obispo en México, y le dirás cómo yo te mando como mi mensajero, para que le hagas presente cómo yo deseo mucho que aquí me haga una casa, que levante mi templo en lo plano. Le contarás bien todo lo que has visto y admirado y lo que has oído.”

“Ten por seguro que lo agradeceré mucho y lo pagaré, que por ello te he de hacer dichoso, te glorificaré y mucho merecerás que yo recompense tu fatiga y tu trabajo, con que vas a poner por obra lo que te encomiendo. Ya has oído mi mandato, hijo mío el más pequeño; anda, haz lo que esté de tu parte”.


9-XII-1531

(por la tarde a la puesta del sol)

- “Oye, hijo mío el más pequeño, ten por cierto que son muchos mis servidores y mensajeros, a quienes puedo encargar que lleven mi mensaje y hagan mi voluntad. Pero es muy necesario que tú personalmente vayas y hables de esto, y que precisa mente por tu mano se cumpla mi voluntad.”

“Mucho te ruego, hijo mío el más pequeño y con toda energía te mando que precisamente vayas otra vez mañana a ver al Obispo. Y en mi parte hazle saber, hazle oír bien mi voluntad, para que haga mi casa que le pido. Y otra vez dile que yo en persona, la siempre Vírgen María, la Madre de Dios, te envía.”


10-XII-1531

(por la tarde a la puesta del sol)

- “Bien está, hijito mío, volverás aquí mañana para que lleves al obispo la señal que te ha pedido. Con eso te creerá y acerca de esto ya no dudará ni de ti sospechará.”

“Y sábete, hijito mío, que yo te pagaré tu cuidado y el trabajo y cansancio que por mí has hecho; ahora vete que mañana aquí te espero.”


12-XII-1531

(en la madrugada entre las cinco y las seis)

- “¿Qué pasa, el más pequeño de mis hijos? ¿A dónde vas, a dónde te diriges?”.

- “Oye y pon bien en tu corazón, hijo mío el más pequeño: nada te asuste, nada te aflija, tampoco se altere tu corazón, tu rostro; no temas esta enfermedad ni ninguna otra enfermedad o algo molesto, angustioso o doliente.”

“¿No estoy aquí yo, que soy tu Madre? ¿No estás bajo mi sombra y resguardo? ¿No soy yo la fuente de tu alegría? ¿No estás en el hueco de mi manto, en donde se cruzan mis brazos? ¿Tienes necesidad de alguna otra cosa?”

“Que ninguna otra cosa te aflija, te perturbe; que no te preocupe con pena la enfermedad de tu tío, porque de ella no morirá por ahora. Ten por seguro que ya sanó.”

“Sube hijo mío el más pequeño, a la cumbre del cerro, a donde me viste y te di ordenes. Allí verás que haya variadas flores: córtalas, reúnelas, pónlas todas júntalas. Luego baja aquí; tráelas aquí, delante de mí.”

- “Hijo mío el menor, estas diferentes flores son la prueba, la señal que llevarás al Obispo; de mi parte le dirás que vea en ellas lo que quiero, y que con esto se realice mi voluntad y mi deseo. Y tú… tú eres mi mensajero, en ti pongo toda mi confianza. Y con toda energía te mando que solamente en presencia del Obispo abras tu ayate y le enseñes lo que llevas. Le contarás bien todo, le dirás que te mandé que subieras a la cumbre del cerrito a cortar flores, y todo lo que viste y admiraste, para que puedas convencer al gobernante sacerdote, para que luego ponga todo lo que está de su parte para que se haga, se levante mi templo que le he pedido”.


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Oración a la Virgen de Guadalupe



¡Oh Virgen Inmaculada, Madre del verdadero Dios y Madre de la Iglesia! 
 Tú, que desde este lugar manifiestas tu clemencia 
y tu compasión a todos los que solicitan tu amparo; 
escucha la oración que con filial confianza te dirigimos 
y preséntala ante tu Hijo Jesús, único Redentor nuestro.

Madre de misericordia, Maesta del sacrificio escondido y silencioso, 
a ti, que sales al encuentro de nosotros, los pecadores, 
te consagramos en este día todo nuestro ser y todo nuestro amor. 

Te consagramos también nuestra vida, nuestros trabajos, 
nuestras alegrías, nuestras enfermedades y nuestros dolores.
Da la paz, la justicia y la prosperidad a nuestros pueblos; 
ya que todo lo que tenemos y somos lo ponemos bajo tu cuidado, 
Señora y Madre nuestra.

Queremos ser totalmente tuyos y recorrer contigo 
el camino de una plena fidelidad a Jesucristo en su Iglesia: 
no nos sueltes de tu mano amorosa.
Virgen de Guadalupe, Madre de las Américas,
 te pedimos por todos los Obispos, para que conduzcan 
a los fieles por senderos de intensa vida cristiana, 
de amor y de humilde servicio a Dios y a las almas.

Contempla esta inmensa mies, y intercede para que
 el Señor infunda hambre de santidad en todo el Pueblo de Dios, 
y otorga abundantes vocaciones de sacerdotes y religiosos, fuertes en la fe, 
y celosos dispensadores de los misterios de Dios.

Concede a nuestros hogares la gracia de amar y de respetar 
la vida que comienza, con el mismo amor con el que concebiste 
en tu seno la vida del Hijo de Dios. Virgen Santa María, 
Madre del Amor Hermoso, protege a nuestras familias, 
para que estén siempre muy unidas, y bendice la educación de nuestros hijos.

Esperanza nuestra, míranos con compasión, enséñanos 
a ir continuamente a Jesús y, si caemos, ayúdanos a levantarnos, 
a volver a él, mediante la confesión de nuestras culpas
 y pecados en el Sacramento de la Penitencia, que trae sosiego al alma.

Te suplicamos, que nos concedas un amor muy grande 
a todos los santos Sacramentos, que son como las huellas
 que tu Hijo nos dejó en la tierra.

Así, Madre Santísima, con la paz de Dios en la conciencia, 
 con nuestros corazones libres de mal y de odios podremos
 llevar a todos la verdadera alegría y la verdadera paz, 
que vienen de tu Hijo, nuestro Señor Jesucristo, que con 
Dios Padre y con el Espíritu Santo, vive y reina por los siglos de los siglos.

Amén.


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Oraciones a la Virgen de Guadalupe.







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ORACIÓN A LA VIRGEN DE GUADALUPE


VIRGEN DE GUADALUPE

Virgen Santísima de Guadalupe, Madre de Dios, 
Señora y Madre nuestra! 
Venos aquí postrados ante tu santa imagen, 
que nos dejaste estampada en la tilma de Juan Diego, 
como prenda de amor, bondad y misericordia.
Aún siguen resonando las palabras 
que dijiste a Juan con inefable ternura: 
"Hijo mío queridísimo, 
Juan a quien amo como a un pequeñito y delicado,"
 cuando radiante de hermosura te presentaste
 ante su vista en el cerro del Tepeyac.
Haz que merezcamos oír en el fondo 
del alma esas mismas palabras.

Sí, eres nuestra Madre; 
la Madre de Dios es nuestra Madre, 
la mas tierna, la mas compasiva. 
Y para ser nuestra Madre y cobijarnos bajo el manto 
de tu protección te quedaste en tu imagen de Guadalupe.
Virgen Santísima de Guadalupe, 
muestra que eres nuestra Madre. 
Defiéndenos en las tentaciones, consuélanos en las tristezas,
 y ayúdanos en todas nuestras necesidades.
 En los peligros, en las enfermedades, en las persecuciones,
 en las amarguras, en los abandonos, 
en la hora de nuestra muerte, míranos con ojos compasivos 
y no te separes jamás de nosotros.
AMEN


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