El día que mi hija nació, en verdad no sentí gran alegría, porque la decepción que sentía parecía ser más grande que el gran acontecimiento que representa tener una hija.
¡Yo quería un varón!
A los dos días de haber nacido, fui a buscar a mis dos mujeres, una lucía pálida y agotada y la otra radiante y dormilona.
En pocos meses me dejé cautivar por la sonrisita de mi Anita y por la infinita inocencia de su mirada fija y penetrante, fue entonces cuando empecé a amarla con locura.
¡Yo quería un varón!
A los dos días de haber nacido, fui a buscar a mis dos mujeres, una lucía pálida y agotada y la otra radiante y dormilona.
En pocos meses me dejé cautivar por la sonrisita de mi Anita y por la infinita inocencia de su mirada fija y penetrante, fue entonces cuando empecé a amarla con locura.




